Cuando muere un ser querido también muere una parte de nosotros, pero no me refiero a que muere una parte de nuestro corazón que se va con nuestro ser querido.
La muerte es una invitación a transformarnos y a ver la vida de otra manera. Cuando el vinculo con la persona fallecida es muy estrecho, el dolor puede llegar a ser insoportable y a producirnos sensaciones muy turbulentas sobretodo al principio del duelo.
Abrazáme esta
Abrazar el dolor no significa que de manera positivista-tóxica celebremos ese dolor y nos forcemos a parecer fuertes suprimiendo las emociones verdaderas que surgen de nuestro interior, abrazar el dolor significa permitirse sentirlo, no huirle, enfrentarlo y escuchar las cosas que salen a flote gracias a ese dolor, sin juzgarse.
Escribirlo es muy fácil, hablar es aún más fácil, pero hay que tener presente que debemos ser pacientes y dulces con nosotros mismos porque estos procesos tienen un desgaste emocional importante y porque como humanos y más con la inmediatez en la que estamos sumergidos, queremos evadir el dolor y salir lo más pronto posible de todo lo que no signifique “bienestar”. Pero cuando aprendemos a abrazar el dolor nos damos cuenta, con el tiempo, que cada segundo que invertimos ahí habrá valido la pena.
Fuego, destrucción y resurrección
El dolor es como un fuego, que a veces se siente más como un hielo que como algo caliente. Y como el fuego mismo puede mantenernos vivos o quemarnos y destruir todo a su paso, en eso consiste el duelo, en aprender a manejar ese fuego que no cumple con otra función más que quemar lo que ya no nos sirve, lo que ya no somos.
Ayudándonos a transformar la manera de ver la vida, lo que somos y abonando el terreno para lo que queremos construir.
“Todo cambia. Lo único que se mantiene igual es que todos somos distintos.”
León Octavio.
El duelo será diferente para todos, y la transformación de cada uno también.
En mi caso, el duelo me llevó a ver la vida de una manera más tranquila, a encontrar la belleza en donde antes no era capaz de verla. Aprendi a verme con los ojos que nunca me había visto, a entregarme el amor que esperaba recibir de una pareja y a conocer el poder y la fuerza que nunca imaginé tener.
Contar la historia desde el futuro es muy fácil, después de la tormenta. Porque cuando uno está atravesando ese proceso, las perspectivas y las dimensiones son otras, y en mi caso ese fuego-dolor que sentí casi me lleva a la muerte, porque lo dejé tomar las riendas de mi vida y representarme.
Sin darme cuenta, ese dolor se apoderó de mi y vivía como si él fuera yo, y yo quería matar ese dolor. Hasta no ser capaz de entender que yo no era mi dolor, no dejé de lado conductas autodestructivas que me llevaron a coquetearle a la muerte.
No hubiera sido capaz de hacer esto solo, por eso busqué ayuda y estuve acompañado de una Psicóloga que me ayudó a ver objetivamente muchas cosas que no tenía la capacidad de ver, me ayudó a desarrollar muchas herramientas que me serán muy utiles para todo en la vida y pude conocerme mejor y darle un sentido a esa transformación que estaba viviendo para acercarme a ser la persona que algún día quiero llegar a ser; Un hombre que disfrute de la vida, independientemente de qué lo que pase al rededor.
Nota: Entre muchas otras cosas que aprendí (y me supo a mierda, como casi todo el proceso) es que vamos a morir muchas veces en esta vida, y eso está bien.
Mirar atrás y darse cuenta que no somos la misma persona que eramos en el pasado es maravilloso, y eso no solo sucede con la muerte pues lo estamos haciendo en todo momento (al menos los que cultivan la introspección y se hacen preguntas y son curiosos respecto a la vida)
Está bien volver a empezar, está bien derrumbar viejos conceptos y adaptarnos al cambio, por eso no somos arboles que están enraizados en un lugar para siempre, somos más bien como el agua de un rio.
Nota de la nota: Que sepa a mierda no significa que no valga la pena, ha valido la pena cada maldito momento, llanto, revés, pregunta, etc, etc.
