El hombre que quería ir a la Luna

Siempre admiré la Luna y no me había dado cuenta de que estaba viviendo en ella.

Malta es muy parecido, no solo por lo rocoso sino por lo distante que está del mundo “real”. Desde ahí he podido ver la Tierra desde lejos y volverla a apreciar, pero al mismo tiempo, desde acá he podido ver el espacio infinito y escuchar mi respiración, los latidos de mi corazón y conocer seres de otros mundos.

En este lugar el concepto del tiempo se transformó de tal manera que ya ni siquiera me preocupa, aunque es necesario para algunas cosas de las rutinas, al final del día para mi ya no significa mucho porque cualquier cosa puede suceder en cualquier momento; sumergirse en experiencias que consumen horas como si fueran segundos, detener el tiempo ante una imagen que vale la pena contemplar, lograr total intimidad con una persona que recién conoces en solo unas horas.